domingo, 25 de marzo de 2018

El reconocimiento es importante

Hacía frío, mucho frío y al fin se abrió la puerta de la sala que momentos después se llenaría de gente para escucharme en una charla, en esta ocasión sobre acoso escolar. Tras la puerta aparecieron los padres de un niño con los que había quedado, sin conocerlos, y que se habían desplazado unos cuantos kilómetros solo para poder hablar conmigo de su hijo. Pasados unos minutos, en los que no dejamos entrar a nadie aún a la sala, se despidieron. Desde entonces simplemente hemos mantenido algún pequeño contacto por Facebook para ver cómo iban las cosas, pero este viernes me llegó un mensaje de esos que se deberían recibir en lunes para tomar la semana con esa ilusión que muchas veces nos falta.

“Hola Javier: Sólo decirte que el poquito rato que hablé contigo ha obtenido sus frutos, me dijiste las palabras clave para dirigirme al jefe de estudios. En estos momentos mi hijo está recibiendo apoyo de todos los profesores, estamos en continuo contacto y el resultado es que ha aprobado todo esta evaluación, ha recuperado las tres de la primera y lengua de segundo. Quiero que sepas lo que eres capaz de hacer por tan poco. Sigue con esto, es una labor muy importante la que haces y que poco a poco tiene sus frutos. Un saludo muy grande y descansa estos días de vacaciones.”

Posteriormente, tras darle las gracias, me comentaba también:

“Es importante que los padres y profesores sepan que esto es una labor de equipo y que sólo de esa manera podemos ayudar a los niños con TDAH. De lo contrario, los llevamos al fracaso tanto académico como emocional”

Todavía estaba emocionado con lo que había recibido y vi que una madre ponía un comentario en la red social quejándose de una nota recibida del profesor de su hijo, de esos que te escriben en ella, casi letra por letra, los criterios diagnósticos del TDAH sin conocerlos. Quienes me conocéis ya sabéis lo que pienso, y aunque suelo comentar cada vez menos en abierto, esta vez no pude aguantar y traté de animarla con mi opinión. 

Mi sorpresa fue que en unos minutos recibía para mí un comentario que, junto con el de la madre, servía para elevar mi ilusión por estos críos y sus madres, por ese trabajo que haces desinteresadamente y que supera todas las carencias del trabajo diario en el que en muchas ocasiones no te sientes ni reconocido ni valorado por tu trabajo y dedicación, salvo por alumnado y familias, que generalmente suelen ser agradecidos. Decía lo siguiente:

“Javier tú tienes que estar orgulloso de tu trabajo. Nunca había visto a mi hija hacer los deberes y estudiar matemáticas como ahora que te tiene de profe. Ella te adora y con su esfuerzo y tu paciencia cada día creo que le gustan más las matemáticas. Gracias. No todos los profes tienen la paciencia que tú tienes ni el interés por estos chicos.”

Este lunes antes de entrar en el aula debería leer esto y mirar a los ojos, una vez más como siempre hago, a cada uno de mis alumnos y alumnas. Sé que la mayoría me quieren. Por ellos vale la pena seguir adelante.

                                                                       Javier Lozano, 25 - marzo - 2018

lunes, 19 de febrero de 2018

A través de su mirada


Me preocupa su mirada, esa cara que nada más entrar al aula dirige hacía mí unos ojos que atraviesan el aula de esquina a esquina. En los primeros días de curso siempre la creí  muestra de un interés desmedido por aprender, por escrutar lo desconocido que se abría ante ella en el nuevo curso, pero hoy sé que me equivoqué.

Cada día la misma mirada penetrante, inquisitorial, inquietante, la misma que me ha hecho preguntarme muchas veces qué hay tras ella para que las cosas no funcionen, que las calificaciones sigan sin salir bien, que no trabaje en clase y no estudie en casa. Tras intentar, de buenas maneras, decirle que en clase debe sacar el libro, abrir el cuaderno, atender y tratar de entender las cosas, añadiendo eso de “si no entiendes algo me puedes preguntar mil veces” he comprobado que las cosas siguen sin funcionar y que como aquella vieja canción “la vida sigue igual”.

Hay que seguir dando pasos en una dirección que permita detectar el problema y poder empezar a pensar en cómo acercarnos a la solución. Hace unos días me encontré por el pasillo con una de sus amigas de clase, de las que comparten con ella risas y despistes, incluso esos comentarios que la otra le hace mientras su mirada me sigue traspasando en la distancia. Me ha asegurado que no es nada contra mí, nada relacionado con mi forma de tratarla o de llevar la clase, lo que me deja más tranquilo a nivel personal, pero no profesional porque el objetivo más inmediato es que aprenda, pero el principal a medio y largo plazo, e incluso a corto si es posible, es que sea feliz.

El otro día, en un momento de la clase, me acerqué al grupo donde estaba trabajando y aproveché, tras explicarles alguna cosilla, para preguntarle qué tal estaba y si le pasaba algo. Al final me aclaró que le pasan cosas. Le he ofrecido mi ayuda si la necesita, mi tiempo, todo aquello que pueda sacarle de ese pozo de tristeza en el que parece estar. No dijo que no, más bien creo que vio una puerta abierta por la que intentar salir al decir un sí recubierto de timidez.

Desde ese momento saca las cosas y trabaja en clase. Sé que no era yo el culpable de su situación y eso me da fuerzas para poder, de algún modo, estar a su lado desde la distancia que da la prudencia, tan lejos para no coartar su libertad y tan cerca a la vez como para poder sacarla de sus dudas en mi asignatura y si es posible de las que la vida, su vida de adolescente, le está creando y que oscurecen esas expectativas que seguramente ve inalcanzables por unos problemas que trataré de averiguar por si es posible minimizarlos e incluso hacerles desaparecer.

Hoy también ha trabajado, incluso ha preguntado dudas. Creo que vamos por el buen camino de la recuperación personal, la más importante. Su mirada ha empezado a cambiar.
                                                                 Javier Lozano, 19 - febrero - 2018

martes, 6 de febrero de 2018

Didáctica de una nevada

Esta mañana, los chicos y chicas de mis clases, independientemente de la edad, miraban y miraban por la ventana una y otra vez. Algo especial estaba ocurriendo, estaba empezando a nevar.

Los polinomios en un caso, la configuración electrónica del átomo en otro y las balanzas que se utilizan habitualmente para calcular la masa de los cuerpos, como podéis comprender han dejado de ser su objetivo, bueno, el que debería ser su objetivo para ser más preciso. Yo les he explicado, pensando que estaba lloviendo, que hoy, como siempre, el agua caía una vez más siguiendo órdenes de la gravedad hacia abajo y, por si era poco, mojando también. Alguien ha dicho que no, que estaba nevando y es cuando he comprendido el revuelo que se estaba generando. He llegado a la conclusión, echando la vista atrás en el tiempo, que hacía mucho que no nevaba en la ciudad, al menos de forma copiosa, no como hoy. La última nevada digna de tener en cuenta, revisando fotos de una antigua página Web personal, fue lo menos trece años atrás, el veintitrés de febrero de dos mil cinco. Estos chicos tenían entonces, dependiendo del grupo, aunque más de uno haya estado en la nieve, desde uno el más pequeño hasta cuatro el mayor de ellos,.

Así que, una vez más, un simple hecho de nuestro entorno, esta vez una insignificante nevada de copos minúsculos que no han llegado a cuajar ni por casualidad, ha servido para recordar algunos temas como el calentamiento global y cuestiones por el estilo, al comentarles que actualmente no nieva casi y que ni siquiera se hielan ya casi las fuentes ni las fuentes de los parques.

Es curioso comprobar cómo no es tan difícil educarles en el cuidado a la naturaleza y el respeto a cuanto no rodea. Desde pequeños trastillos que no paran y hoy sabían mucho más de lo que aprenden en los libros, hasta grandullones cuyas conversaciones habituales no pasan de las chicas y lo que beben o fuman el fin de semana, que como les suelo decir “castillos no habrá entre nosotros, pero fantasmas…” todos sin excepción estaban encantados con el fenómenos que se estaba desarrollando ante sus ojos, al otro lado del cristal.

Hoy se han quedado con las ganas de hacer un buen muñeco de nieve porque, al contrario de lo que ha ocurrido en poblaciones cercanas a nuestra ciudad, no han tenido ni para sus esperadas batallas de bolas de nieve, pero sin embargo el tema que han repasado sin presiones y con total naturalidad estaba a unos centímetros de ellos al otro lado del cristal.

Tal vez deberíamos plantearnos como estrategia innovadora que alguien subiera siempre a un piso superior y a señales nuestras, en momentos concretos, fuera soltando hojas de libros de las distintas asignaturas a ver si así despertaba de verdad el interés de nuestros alumnos por aprender más cosas. O ¿Tal vez libros enteros?

                                                  Javier Lozano - 6 - enero - 2018

domingo, 28 de enero de 2018

Un cumpleaños más

El tiempo vuela y no puedo hacer todo lo que me gustaría, pero no quiero que pase ni un segundo más sin recordar que hizo ya dos años el pasado día 20 que presentaba “Mi hijo tiene TDAH. La entrega de una madre” mi segundo libro sobre TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad), dentro del Curso de extensión Universitaria celebrado en el centro asociado de la UNED de Ponferrada (León) “Formación sobre el TDAH: una discapacidad invisible a lo largo de la vida”.

Si al salir el primero, “Juanito y su TDAH. Ser feliz es posible”, ya hace casi seis años tuve una sensación increíble y agradable al haber descrito a la mayoría de niños con este trastorno, como muchas madres me decíais, en esta ocasión volví a sentir lo mismo con vosotras, las madres, a las que describí de la misma forma, en líneas generales, como me vais comentando muchas casi a diario desde entonces,

Hoy le robo unos minutos al reloj para que sepáis lo importantes que habéis sido y seguís siendo todas las madres y familias en general, pues cada día se van sumando más padres a nuestra lucha. Gracias a vuestro apoyo y comentarios sigo tratando de hacer que los afectados tengan una vida mejor, a pesar de tener que aguantar muchas veces la incomprensión de gente que, desde su ignorancia unos o manipulados por extraños intereses otros, intentan hacernos desistir de la pelea diaria por estos niños que tantos nos necesitan.

Mi intención, aunque muchas madres me seguís proponiendo que escriba más sobre el TDAH desde vuestros distintos puntos de vista, cosa que tampoco descarto, era escribir un tercero desde el punto de vista de un maestro o maestra que crea en el trastorno, aunque lo he aparcado de momento porque tendría que decir muchas cosas y tal vez… será mejor esperar un poco. Por otra parte estoy en un proyecto muy bonito escribiendo una historia de un caso de acoso escolar que me propusieron hace tiempo. Ya debería estar en la calle, pero problemas de quien me lo propuso y míos, sobre todo de tiempo, han hecho que se haga de rogar un próximo libro del que os informaré cuanto esté listo.

Así pues, muchas gracias por seguir dando vida a mis libros, historias tan sencillas de las que formáis parte. Tal vez el secreto de sea su realidad, su sencillez y su cercanía, esa huida de las teorías, de las que ya hay mucho por Internet. Yo vivo de mi trabajo diario en el cole donde trato de darme a mis alumnos que siempre esperan más, no vivo de esto pero me da vida: Nunca he buscado salir más allá de las paredes del aula y sin embargo me he visto dando charlas y ponencias por toda España, e incluso en México y probamente muy pronto, además de volver allí, también a otros países latinoamericanos. Todo esto es un sueño que me permite cumplir el que yo busqué desde que quise ser maestro empujado por mi vocación, ayudar a cuantos más niños y familias sea posible en cualquier lugar del mundo.

Espero seguir contando con todo vuestro apoyo. Muchas gracias

Javier Lozano - 28 - enero - 2018

sábado, 20 de enero de 2018

En la corta distancia

Mira que todos los sabemos. Cuántas horas de estudio en la universidad, en jornadas, cursos y cursillos, e incluso de abundantes horas de lectura voluntaria dispuestos a saber, a aprender y a descubrir cómo entender cada vez mejor a estos jóvenes que tenemos en clase todos los días ante de nosotros. Cuando crees tenerlo todo atado y bien atado te vuelven a sorprender haciendo saltar por los aires tantas teorías y buenas intenciones.

Hablas con él o ella, personalmente, en su sitio o en tu mesa, le explicas un ejercicio, te escucha y razona como si estuviera en total sintonía contigo, incluso tal vez has hablado muchas veces en el pasillo o la calle, de su vida, sus problemas, su fin de semana y hasta te ha contado sus vacaciones. Todo parece tan normal, como si por fin la vida exterior hubiera conseguido entrar en su cabeza impregnando de cordura su cerebro adolescente.

Además, si hay alguien que defienda mejor, con más coherencia y contundencia cualquier injusticia social y, especialmente las causas perdidas, son ellos, estos adolescentes que, con esa mezcla de compromiso adulto e ingenuidad infantil, son capaces de venderle un frigorífico a un esquimal.

Parecen tenerlo todo para vivir de forma razonable y razonada esta locura que más tarde es la vida con la que se encuentran un día casi de golpe y porrazo al salir de la escuela. ¿Qué es lo que hace que en clase, una vez entre sus compañeros se transforme de tal manera que parezca otro? ¿A dónde fueron las palabras que parecían escuchar como si le acariciaran el entendimiento? Le hablas entonces y te mira como si fueras un extraño, salvo en alguna ocasión en la que deja entrever el principio de una posible y lógica explicación.

El sentido de pertenencia al grupo es tan importante que le absorbe. Sentirse integrado es clave para su desarrollo personal y social. Por todo esto debemos tratar de apoyarle a lograr ese punto intermedio que le ayude a nadar y guardar la ropa, a saber estar en el grupo con la mayor integración posible pero sin dejarse arrastrar, porque el peligro que entraña ser engullido sin casi darse cuenta puede ser letal, consiguiendo desde anular su verdadera personalidad hasta ser víctima de acoso escolar si los acosadores, que no tienen por qué ser los líderes, se fijan en él.

Me preocupa esta época y sus altibajos, esos cambios de escenario que se ven obligados a realizar para no quedar fuera de juego, para ser distintos sin dejar de ser iguales, de ser ellos mismos, ese mimetismo con el medio, con el grupo de iguales que puede resultar muy peligroso si no se sabe gestionar. No podemos dejar de estar junto a él, desde la distancia pero a su lado, sin dejar de observar y poniendo a su alcance todas las herramientas posibles que le permitan asirse a la cuerda que le traiga hacia nosotros cuando pueda vislumbrar algún peligro especial, y no precisamente los que por cuestiones propias de la edad se aventura a frecuentar.

Entre todos debemos seguir con ellos en la corta distancia, cargados de toneladas de paciencia, ayudándoles a crecer, sí, aunque crean ser ya adultos porque el calendario sigue aumentando sus números, esos que unas zapatillas nuevas o una tontería del compañero a mitad de clase, e incluso un simple comentario parece hacer disminuir.

Javier Lozano, 20 - enero - 2018

viernes, 5 de enero de 2018

Una verdadera noche de Reyes

Todavía el recuerdo lejano trae aquellas prisas por irse a dormir, por no ser descubiertos despiertos no fueran a pasar de largo después de todo un año de tantos intentos de ser buenos y portarse bien. Algunos niños de entonces de Zaragoza, mi ciudad, recordarán a Pinzón, un pájaro lógicamente de ficción creado por una emisora de radio local, que revoloteaba de ventana en ventana para luego ir a contar a los mismos Reyes lo que veía de todo lo que hacíamos los niños y niñas de entonces. ¡Qué cosa daba en aquellos días ver revolotear cualquier pájaro cerca de nuestra ventana! ¡Maldito chivato!

Qué lejos quedan ya aquellas noches de nervios envolviendo regalos escondidos, algunos durante varios días, para ponerlos por todo el salón cada uno con un cartelito escrito por los propios Reyes Magos, los de la ilusión de verdad y la alegría sin tapujos. Incluso todavía se recuerda en casa cómo los camellos de sus majestades era raro el año en que no tropezaban y aparecía por el balcón el azúcar o el agua preparada para los camellos. Eso sí, el cava o cualquier otra bebida para los Reyes, casi siempre desaparecía por completo. ¡Qué cumplidos eran! La verdad es que nada importaba si aparecían tantos regalos y las sonrisas generadas por ellos tenían mucho más valor. ¿Hay algo más bonito que ver en ese momento la alegría de tus hijas?

Hoy no me agobian las prisas ni me preocupa el pajarillo aquél y, por si fuera poco, el que se beberá algo seré yo mientras preparamos todo aquello que mañana hará sonreír a los niños. No soy ningún rey no, simplemente es lo que da la edad y tener un par de maravillosos nietos, una ya que empieza a descubrir el embrujo de este tipo de noches, de esa suerte de ilusiones que luego la vida ya se encargará de ir difuminando con el tiempo. El otro es aún muy pequeño para ello.

Mañana por la mañana, la carita de sorpresa, el ruido de papeles rotos y revueltos por el suelo y los gritos de emoción lo llenarán todo. Seré feliz por un día regalando felicidad a una maravillosa niña que da luz a mis días y algo de sentido a mi vida.

Posteriormente la rutina acabará una vez más con la magia y el sortilegio de la fiesta y nos devolverá a la realidad cotidiana donde, aunque sobren palabras, muchas veces vacías, falta la verdadera alegría, la que dan el cariño y el amor de verdad, la sencillez de corazón y unos sentimientos de acuerdo a nuestra propia realidad, donde el quiero no vence al puedo, donde la verdad es machacada por sistema y donde la ignorancia en muchos casos se convierte en prepotencia y la ilusión es aniquilada por el poder establecido, sea del nivel que sea.

Me gustaría que una vez más, en todos los corazones, fuera ésta una auténtica noche de Reyes Magos donde la ilusión y la alegría echaran raíces para el resto de nuestras vidas. Me gustaría al menos revivir una de mis primeras noches de Reyes. Ojalá fuera una noche de Reyes de verdad para todos.


Javier Lozano,  5 - Enero - 2018